Siempre viene bien un poco de aire fresco. Recordar que estamos en el mundo y al mismo tiempo abstraernos, sentir que nada nos puede afectar de ninguna manera. Sentimos más que nunca pero al mismo tiempo no sentimos nada. Sí, a veces, somos sólo melancolía caminante, una forma de ver el mundo de afuera para volver a acurrucarnos en su desenfreno.
Almas perdidas del Universo, sueños que vagan en sus cuerpos; mares de duda en lo incierto, corazones que sin penas ya se ahogan. Gana el sol de tu reflejo, amigo fiel del brillo que te ocultas tras la mirada indiferente de lo bello.
domingo, 6 de mayo de 2012
Salir a caminar
Siempre viene bien un poco de aire fresco. Recordar que estamos en el mundo y al mismo tiempo abstraernos, sentir que nada nos puede afectar de ninguna manera. Sentimos más que nunca pero al mismo tiempo no sentimos nada. Sí, a veces, somos sólo melancolía caminante, una forma de ver el mundo de afuera para volver a acurrucarnos en su desenfreno.
lunes, 12 de marzo de 2012
Renacer en el asfalto
Esa necesidad de ponerle
nombre a todo, de creer que todo puede categorizarse y entenderse bajo la
relativa simpleza de unos cuantos conjuntos de significaciones. Estar fuera de
las casillas sería entonces algo así como romper la estructura de lo que tiene
sentido nombrar, de lo que tiene sentido que exista. Ser la excepción tampoco
es razón suficiente para confirmar la regla. Regla parecida a un pistolete que
parece haberse hecho una permanente, infinitamente vuelto sobre sí mismo, una y
otra vez, hasta llegar al suelo y convertirse en tornado, torbellino de
insignificantes capilares sin ideas ni motivos más que recubrir sensaciones de
un órgano a veces tan presente y a veces tan ausente.
Quiero contar que he
visto estrellarse a tres naves espaciales. Luchar contra la gravedad y volver
sobre sí mismas en un vuelo atónito de descontrol y malos recuerdos. Una mesa
rota en el comedor de las historias que reúnen almas fuera del encuentro
forzoso de la familia nunca perfecta. Es el mundo de los sueños el que nos trae
estas imágenes tan claras pero misteriosas a la vez, por entre medio del subconsciente
que se esconde tras la cortina de un yo más puro, más libre, más ingenuo, más
sujeto.
Verás… es como andar
caminando por la calle en contramano y con los ojos cerrados. La gran avenida
no mira a quien no quiere mirarla. Lo atropella con su más fino toque de
justicia por cometer el error que más le duele, el error de no hacerse cargo
del camino que lleva y de no conocer el destino de sus pasos. Paso por paso,
metro a metro, seguimos preguntándonos por qué, y nada nos detiene, hasta que
el golpe más fuerte termina siendo ese asfalto rígido que daña el rostro que
cayó desprevenido ante la atadura de sus piernas, esas que no coordinan su
andar.
La gran aventura parece
ser entonces arriesgarse en el vacío a encontrar una respuesta. No conviene
meterse en donde no se debe, pero quién dirá a la mente rebelde qué hacer si la
contradicción es su juego más preciado ante los ojos de quien se cree mejor que
su alma. ¿Saben qué? No hay un hilo que mantenga unidas a las palabras que se
escriben sin pensar, no hay razón para atar mis dedos a un pensamiento sin
motivo. Y si los ato sería para no volver a equivocarme y tener que desdecir
aquello que ya he escrito con los mismos movimientos que ahora se pasean por
sobre cada letra que se hunde en el maldito plástico de la omnipresencia.
viernes, 10 de febrero de 2012
El durazno se va
Quédate, no corras
Duerme un poco
No hables más
Pinta el cielo de color
Te ríes, dormido
Jugarás en tu jardín
Ensueños
Montando el rayo
Pierdo la cabeza
Abrazándote
El durazno se va
Nunca estarás solo
No tengo, cheques no
En este mundo
De resignación
La quietud del presagio
Algodón, un amor
Uvas viejas
Mortajas y sonrisas
Puntapié para saber
Pierdo la cabeza
Abrazándote
El durazno se va
Nunca estarás solo
Árbol, libertad
Ojos de papel quemándose
Insolación
Y ya no te mueve el
viento
Pierdo la cabeza
Abrazándote
El durazno se va
Nunca estarás solo
Valle de duendes
Carozos secos
Tanto llanto llueve
Nunca estarás solo
lunes, 23 de enero de 2012
Cierro los ojos, puedo ver
El viento se alza sobre el suelo que piso al sentirme seguro. Las hojas levantan vuelo, y allí estoy, en el medio del torbellino. Miro alrededor, la locura, la danza de las caídas y vueltas al aire. Son los truenos aquellos que se hacen oir en la distancia. Y sin la luz de los relámpagos ya no puedo saber qué tan lejos están. Miro, vuelvo a mirar, es cuestión de cerrar los ojos, sentir el aire correr sobre la piel que cada vez parece más fría, pero que se defiende de lo posiblemente aterrador. Escucha, es el silencio, es el soplido del viento, es la luz de la luna cercada por las nubes de alquitrán. El aroma a humedad también se levanta para que pueda olerlo. No está lejos la lluvia, la tormenta avecina. La tierra mojada brota por los poros de la Tierra disecada, de la Tierra maltratada. Hace sentir una vez más que no controlo mi contexto, que vivo junto a ella codo a codo sin limitarnos en esencia a lo que en parte el destino nos predestina; pero estoy seguro de algo... no hay destino que no se improvise con el viento.
jueves, 5 de enero de 2012
viernes, 30 de diciembre de 2011
martes, 27 de diciembre de 2011
Escapar
Escapar al silencio
Saber que se vuelve
Arroparse con rayos de luna
En algún lugar
En alguna estrella
Derretir el hielo
Sin mojar los ojos
Contar que todo ha sido
Pero sin ser
En algún momento
Mirar del sentimiento
Cortar por lo sano
Irse pensando que la frente está alta
Sólo unos pasos
Sin mirar atrás el camino
Esconder la desesperación
Sin moverse de su lado
Cortando a cada paso las flores
De un encanto
Que nunca florece
Mira la luna, ilumina la piel, qué piel tan blanca, tan fría es, espesa su textura y amargo su sabor, pero es piel que refleja a esa luna que me arropa, que me abriga y me protege, que grita sin miserables miedos: soy luna y yo te veo.
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