lunes, 11 de marzo de 2013

No hay palabras




No hay palabras
Para tu silencio, no
No hay palabras
Para tu ausencia, no
No hay palabras
Para lamentos, no

Sobre el riel
Pasa rápido el tren
Debajo del tren
Muerte rápida y miel

Hay silencios
Para tus palabras, sí
Hay ausencia
Para tus palabras, sí
Hay lamentos
Para tus palabras, sí

El tren
pasa sobre el riel
La miel y el tren
y debajo... lo que fue

sábado, 2 de marzo de 2013

No digas más

Y en tus cuerdas tu sonrisa serena
oculta palabras que ya no se buscan.
Del silencio de corchea soy pentagrama en blanco
de tus recuerdos tan solo un nombre en el viento.

domingo, 24 de febrero de 2013

Sueño, realidad y fantasía


Ayer soñé que era un actor. Aunque pienso que uno en sus sueños siempre es un actor de su inconsciente, de eso a lo que los que hablamos sin pensar demasiado llamamos inconsciente, tal vez sólo por inconscientes. La cuestión es que en el sueño yo era un actor. Algo había pasado en el sueño anterior que le daba sentido a la escena, pero ya no tiene sentido ahora. Tenía que interpretar a alguien que debía besar a una bella dama cuyo rostro se borró en la mañana. Lo hice, la besé. Y todo se envolvió en la ficción, nos transportó al mundo de lo imposible que sucede frente a nosotros, que nos muestra de lo que somos posibles cuando simulamos. Pero qué somos, quiénes somos en esta simulación que usamos de pantalla para ser en la ficción. Cómo construimos el personaje que somos en los sueños, más allá de las condensaciones, superposiciones y traslaciones.

En el beso se confundió el mundo. Ya no era yo, ni era el actor amante. Era el amante. La historia sucedía, no tenía destino ni pasado. Todo lo que tenía estaba conmigo y dependía de que me figurara ser quien yo deseara. Olvidé por momentos la realidad y la ficción se me hizo carne. Hasta dónde se puede llegar investido de relato cuando el otro está en el mundo, su real no es el mismo, participan de la misma ficción pero es diferente para ambos. Y qué sucede cuando el círculo se rompe, cuando la escena termina. Dónde está mi mundo, mi amante, dónde está mi poder de crear la historia. Se esfumó. Será tal vez que queda oculto tras el manto de lo que llamamos realidad. O queremos ocultarlo junto con nuestros deseos y pasiones, nuestras ganas de confundir nuestra identidad, vaciarla de sentido, de imagen.

Eso pienso al salir de la escena. Mi femme me mira y no sabe si fui yo el que protagonizó la escena o era alguien más. Y yo caigo en la cuenta que es un sueño, ya estoy por despertarme y pienso, “quién soy yo” si no soy el actor, la ficción ni el sueño. Ya me despierto y pienso en esa canción que siempre vuelve “no soy actor de lo que fui”. Pero qué soy, entonces, si soy soñado e inventado en el sueño tan solo como un actor que se pierde en su ficción.

Me inventaré
cada noche y cada día
Y me perderé
en cada fantasía

Romperé el pasado
en cada viento
Y borraré lo amado
no te miento

Me volveré
a tus sueños y avaricia
Y me caeré
con cada caricia

Romperé el hielo
que entre nosotros
borró del cielo
nuestros rostros

viernes, 23 de noviembre de 2012

La gula y las palabras




Hay momentos en que nuestra historia nos pide otras historias. Olvidar por algunos instantes -más cortos, más largos-, que estamos en este mundo y dejar volar la imaginación a través de las letras, las palabras y las brisas que salen de nuestra boca al hablarlas.

Hambre de historias. Devorador de páginas blancas, amarillentas, pequeñas, pesadas, finas, suaves, ásperas. Esos momentos en los que estamos convencidos de que no vale la pena volver, de que lo único que vale la pena ser vivido estaba en ese mundo sostenido en una hoja de papel, en la tinta envejecida de los libros (Liria Evangelista) .

Buscar un ser. Buscar un no ser. Desnudos. La magia eterna de las palabras -¿son acaso las palabras?- que nos hacen caer en un eterno sueño, en el que la realidad nos juega de suplente. Y nos sentimos polizones. Navegamos en las partes ocultas de los libros, escondidos, como eso, polizones de historias. Esas historias que se repiten en cada relectura. Mundos creados en cada pasada de ojos por las líneas del papel.

Y al volver, mirar de una manera diferente el mundo. Entender la Naturaleza y encontrar nuestro Elemento. Escribir nuestra historia, cíclica. Reescribirnos para ser, renacer. Encontrarnos mirando los ojos del siberiano que no juzga más allá de la esencia. Somos el otro, somos el uno, somos lo propio y lo ajeno, somos historias, con sus extras y protagonistas. Callamos para escuchar a las palabras. Caminamos en línea recta. Desencadenamos un relato que se vuelve sobre sí mismo, ¿para qué? Para entender que el ciclo inicia desde donde queramos mirar.

¿En qué momento de tu historia te detendrás hoy? ¿Serás un drama, una comedia? ¿Crearás tu ficción o tu realidad? Y entre hogueras, bolsas, magnolias, perfumes, entre agua salada y máquinas, entre la verdad que duele más allá de las entrañas y las mismas entrañas, te encontrarás leyendo, una vez más, tu pasar.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Día de la Música

Pensé en palabras, pensé en frases, pensé en el mundo que podía conseguir, pero nada de eso llenaba el espacio, nada de eso podía describir la emoción, los sentimientos, los descubrimientos y, sobre todo, los escenarios sensibles que pinta la música para mí. Así que acá van sólo algunas de esas melodías que hacen que uno pueda sentirse completo, sin decir más y, simplemente, escuchar...

¡Feliz Día de la Música para todos!



























Y podemos seguir así, hasta olvidarnos que estamos en el mundo...



domingo, 14 de octubre de 2012

Abrir la puerta




En algún momento tenemos que volver, tenemos que volver a encontrar el momento de jugar, de divertirnos haciendo ejercicio con nuestra imaginación… dejar que las cosas sean todo lo que queremos que sean. Imaginar un mundo sin peros, sin negaciones, un mundo que se multiplica en la complementariedad del otro, en todo lo que nos puede sumar y enriquecer.

No nos damos cuenta del tiempo que pasamos quietos hasta que empezamos a movernos. El cuerpo pesado nos pide que no demos un paso más, que no sigamos con esta novedad. ¿Acaso habrá perdido la memoria? ¿Acaso se olvidó de lo que es jugar? Quitarle las amarras y devolverle la memoria no es tarea fácil, pero no es imposible si uno aprende a compartir otra vez.

La alegría de compartir nos devuelve la mirada, nos permite volver a soñar despiertos y creer que mientras que estemos juntos todo sueño puede convertirse en realidad. Corremos, caminamos, saltamos, nos volvemos uno, nos unimos en el decir y dejamos de ser sólo un yo, para ser un nosotros.

Volvimos a sentir que estamos vivos, y que alguien nos abrió la puerta para salir a jugar.

lunes, 8 de octubre de 2012

Peligro. Soledad




¿Somos acaso jinetes de las tempestades, galopando frente a la adversidad del tiempo, que se interpone en el camino y nos obliga a esperar el momento divino? Seremos, tal vez, algo similar al viento. Pero qué tempestades son las que inundan el camino con las dudas, con el desenfreno de una oscuridad sin salida, un callejón tan largo que se resume en la eternidad del exilio. Vuelvo a pensar, una y otra vez, y cada vez me convenzo más de que hoy el peligro no es la oscuridad, sino la soledad. Que parece tan fría y oscura como la misma desesperación de quien se asfixia, o de quien entre aguas se encuentra sin poder salir a ver el sol.

Cuidado, no cometas una vez más el mismo error. No vuelvas a perder la calma en ese intento de mentirte. Sabés que la luz no está en esa dirección, no intentes avanzar para caer en el abismo, no trates de llamar a los fantasmas, no hagas que el único camino sea el incorrecto. No es más fácil, a la larga se convierte en lo más difícil. En esa forma de ocultar las profundidades de tu ser, de tu pesar y de tu sentir.

Para qué, entonces… el pasado nos remueve la cenizas y el fuego parece revivir o será tan sólo un holograma que quema las esperanzas. Los colores, qué son, las alegrías, para qué. Si la oscuridad no se enciende para ver que hay más allí donde se pisa, donde se vive, donde se respira. Aire frío que congela oportunidades, destinos que parecen estar marcados en el fracaso, en el infinito no ser.

No quiero volver a pensar. No quiero volver a intentar lo imposible. Pero soy terco, estoy convencido de un camino, que aunque con piedras me hace sentir que en algún momento me ofrecerá un paraíso indescriptible, inacabable. Y tal vez no exista tal cosa, pero ya es una realidad en mi espíritu, y quién sabrá en donde vive mi esperanza, porque en él reposan ya todas mis preguntas.