jueves, 21 de abril de 2011

Soy


Busco por las vías del algún tren
Eso que me llene el corazón
Latiendo, palpitando, sintiendo por demás
Pero con deseos de volar

Busco las respuestas en un más allá
Sin mentiras, en un ideal
Imaginando lo perfecto, lo eterno, lo veraz
Pero nada de eso es real

Soy una espera sin reloj
Sin hilos, marioneta en el cajón

Estoy buscando ese símbolo de paz
No ser otro escondido en el placard
Muriendo lentamente con canciones para armar
Pero pensando una vez más

Soy una espera sin reloj
Sin hilos, marioneta en el cajón

Soy lo que se pierde en el montón
Soy una canción sin resplandor

jueves, 7 de abril de 2011

Ver lo que se vuelve


Se vuelve el mundo
tan inmenso
tan desorden

Se vuelve el tiempo
tan eterno
tan superfluo

Me ves pasar
en un cuento
chapoteando

Me ves distraído
en mi mundo
cantando

En el caos
yo
me pierdo
yo
me canso
yo
soy solo

En la bruma
yo
me caigo
yo
me ciego
yo
desespero

Se vuelve el don
tan mentira
tan hereje

Se vuelve el silencio
tan presente
tan ausente

Me ves caer
de frente
embistiendo

Me ves sufrir
sin causa
suavemente

En la muerte
yo
me encuentro
yo
me siento
yo
me muerdo

En la vida
yo
voy saltando
yo
me vuelo
yo
escapo

jueves, 24 de marzo de 2011

Soplando en el viento




Respirar. A veces el aire necesita escaparse en la inmensidad y volar por los cielos sin encontrar más límite que su propia vitalidad. En esa eternidad resuena el legüero de los valles tucumanos. Mostrando su esplendor en las simples miradas de aquellos ojos que quieren ver más allá. Hacia lo místico, lo mágico, apunta el coro de la Tierra para centrar en las almas el sonido de sus venas.

Sin son las penas las que hacer que un grito rompa el aire con la claridad de la luna llena, será entonces una musa de la vida y del aprendizaje de nuestra historia. Las sombras de las luces, el viento y el silencio. El eco del alma rebotando entre las sierras. Y así se expande el pecho, se cura el alma. Se vuelca la mente hacia la inesperada quietud del tiempo. Para que el sentir se haga eterno, para que el pasar no sea lo que es, un simple hecho que sucede y que se esfuma en unos cuantos segundos fuera del tiempo.

Y el camino se muestra frente al andar del caminante, del que a cada paso piensa y repiensa que no es necesario pensar tanto. Y cuando el soplar del viento se encierra entre los muros de un cañadón de piedras, el movimiento parece tan circular como la misma efervescencia del enroscamiento. La identidad se vuelve copla, la esperanza, libertad. Aire. Hay canciones que necesitan respirar.

miércoles, 2 de febrero de 2011

El camino que sigue

Yes, 'n' how many ears must one man have
Before he can hear people cry?
Yes, 'n' how many deaths will it take till he knows
That too many people have died?

Yes, 'n' how many years can some people exist
Before they're allowed to be free?
Yes, 'n' how many times can a man turn his head,
Pretending he just doesn't see?

The answer, my friend, is blowin' in the wind,
The answer is blowin' in the wind.

Bob Dylan - Blowin´ in the wind


Podemos preguntarnos infinitas veces durante nuestra vida cuál es la razón que nos motiva a tomar determinadas decisiones y accionar en consecuencia. Al mismo tiempo, a cada respuesta se le podría contestar con otra pregunta que nos haga pensar que estamos equivocados. La eterna lucha entre el bien y el mal, entre lo blanco y lo negro, entre los extremos de una misma cosa, fue, es y, probablemente, será aquello que genere, quizás, las pérdidas más grandes de nuestra existencia.

La Fe es algo en lo que muchos creen para buscar respuestas. Pero quien es realmente quien contesta a los cuestionamientos. Quién es acaso tan divino como para poder jugar a la omnipresencia en pos de convertirse en el panóptico de la vigilia del universo, un universo falso, tan pequeño que se reduce a un punto perdido en los pixeles de una pantalla luminosa, que otorga sólo unos minutos y pocas reflexiones críticas sobre la misma nada.

Hemos quemado la historia cuando era pagana, hemos aniquilado al Hombre por no creer en lo mismo que nosotros, hemos burlado nuestro origen sólo porque la creencia extranjera dice que no tenemos nada a lo cual pertenecer. Hemos actuado como sicarios incompletos, cuya paga sólo se experimenta en la percepción de la Fe considerada como cumplida.

Es el pasado, es el presente y es el futuro, todo lo que somos está distribuido, puede transformarse, puede construirse, pero los motivos por los cuales accionamos pueden llevarnos al fanatismo indiscriminado, nos evitará tomar nuestras propias decisiones porque alguien ya lo ha hecho por nosotros, y no somos nadie para oponernos a esa Sagrada Palabra. La obstrucción de la sensación en manos de la pasión desenfrenada, caótica y dirigida por el egoísmo, la avaricia, la codicia, la indiferencia, puede causar no sólo un daño a la sociedad misma, sino también a su eternidad.

Esta eternidad, ese Libro de Arena borgeano, ese encuentro fugaz entre el pasado y el futuro de un hombre que está cansado. Ese hombre que descubre que la Historia no valdrá nada, que todo lo que se defiende podría no valer nada, aún cuando le parece que en el futuro cada uno es Dios, ciencia y tradición de uno mismo. Aquel que puede prescindir del otro, una vez que haya entendido el por qué ese Otro existe, y por qué ha de tener que amarlo.

Descubrir que ser samaritano no implica predicar, no implica atarse las manos a un libro impreso en las mismas cuevas de la estandarización intelectual invisible, sino que más bien se trata de una actitud frente a la vida. El saber se abre al mundo para aprehenderlo sin necesidad de destruirlo, ni tampoco destruir a quien tenemos cerca.

lunes, 3 de enero de 2011

Into myself


La contradicción del ser o no ser, de la vergüenza de ser frente a otro que no existe más que en la propia mente. Aún así, me mira, existe, me inhibe, me castra, me encierra y me libera a la desesperación. Me encuentra indefenso ante la misma nada, encerrado en un cuarto vacío pensando que eso es la soledad. Refugio de los cobardes que a veces buscan en donde no hay, sólo para decir que nada encuentran, y aún sabiendo el resultado se enorgullecen de tener la razón sin poder entenderla. El paraíso se pierde en la inmensidad de la desesperación que hace frente a la desolación eterna, a la propia facultad de inventarse frente a los demás como una víctima del mundo externo, ese que fue construido para la opresión del alma pura que se esconde tras algunas pocilgas hermenéuticas, que menos saben cuando detenerse más que cómo aprovechar su presencia en la vida. Hundido tras la sorpresa de la realidad viva, que observa desde el frente y muestra el horizonte a quien egoísta creyó que el rincón más oscuro era la respuesta a una pregunta que desde ningún punto de vista tiene sentido, salvo desde la misma locura de ese ciego que elige no querer ver. Pero aunque veas, aunque se vuelva la mañana una revelación de la purificación de las pasiones, se enmudece el corazón a causa de esa tradición que implica la desvalorización de todo, con el único fin de hacer frente a la misma ausencia, al abandono que uno mismo puede hacer de lo que está a su alrededor. Y en los fragmentos de textos del pasado se encuentra la similitud y se crea la constancia, quien sufre hoy, sufrirá mañana, y el fatalismo crece en la sensación de nunca más volver a un nirvana en el que nunca se supo estar, por más que, tal vez, en algún tiempo se perteneció. Quiera ser el reflejo de una ventana contra el mundo, aquello que siempre quiso ser el cuerpo, sustancia putrefacta de la existencia misma. Rasgado por dentro para ser bello y enfrentar al resto sin ser honesto. Y no ver más allá de las narices, que las relaciones se nutren de la diversidad, del enriquecimiento mutuo, del amor que se siente porque realmente está. Empecinado, muere al ver que pudo ser una gran mentira, la vida, la creación de una ficción idílica de un qué hubiera pasado sí, y sonríe esperando que al encontrárselo el mensaje esté tan claro como su propia epifanía. Vil mentira la que profesa el hombre solitario, que cree que nada necesita, que ignora lo que da y aún así se contenta con un proyecto que peca de lujuria trascendental y cae en las garras de la ineptitud misma. Dejar atrás, muy atrás, aquello que nada llena pero que otorga sentido a lo propio, y darse cuenta que no se es si no se tiene, es quizás decir de forma complicada algo tan simple, pero no se puede revelar una verdad tan grande con palabras que se alejan de la filosofía abstracta, esa que entiende más allá de quienes o de lo que se puede considerar existente, e incluso también imaginario. El retorno a la vida cobra su peaje, no por venganza, no por rencor, pero subestimar y subestimarse, a veces lleva implícita una respuesta que después de mostrarse tantas veces, ahora requiere modificar su soporte y dar a luz a una nueva forma de expresión que puede escapar a las modernas palabras. Mala espina, mala calaña, mala cepa y mal olor. No depende del lugar, sino de lo que se lleva adentro y se deposita en cada paraje, aún en aquellos más recónditos rincones del planeta de la memoria, de la esperanza convertida en desilusión, y en la sola respuesta de la acción frente a la quietud.