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viernes, 18 de noviembre de 2011

Quién sabrá


Camino tus calles, 
miro alrededor la locura;
el tiempo pasa más rápido que el reloj.

Me doy cuenta que eres Jano, 
de que puedo disfrutarte;
que aunque oculta, se entiende tu hermosura.

Crece la paz de un bello momento, 
los nervios, no ajenos, se manifiestan;
me complace sentir que soy humano.

Está dicha la historia,
pero en tu caso sorprende;
no hay quien cuente hechos más bellos
que los que ofrece tu noche.

Aunque me devuelve el viaje la realidad,
hay quien se esconde;
quién sabrá mañana despertar, sonriendo, en cama.

lunes, 2 de mayo de 2011

Entre sensaciones, miradas y tiempos


Sí. Uno puede estar a punto de perder la Fe. Palabras extrañas si las hay. Seremos entonces seres creados a imagen y semejanza de algo invisible, que ni aún siendo Creador puede contra lo que parece ser una propensión natural a la autodestrucción de la especie. Yo elijo que mueras, como tú elegiste que todos los demás no valían lo suficiente como para estar en este mundo. Son iguales. Mediocres pensamientos. Inteligencias que dicen ver más allá, que llevan mensajes de paz y de estabilidad, pero que para que esos estados sean realidad requieren de la exuberante violencia del ser.

Y en el medio de la hipocresía humana, se esconden las doradas, ya no tan verdes, hojas del otoño en los poblados de donde la paz aparenta ser posible. Y de vuelta siento venir ese pensamiento de Fe. Fe en que los que rodean el aura agotada de haber estado lejos, y que busca restablecer su energía nutriéndose de la génesis, restauren ese orden que se creía perdido en las vías muertas de un tren que ya cambió su rumbo.

Mientras, en los viejos parajes el viento sopló tan fuerte que el dorado de las copas llegó a alfombrar el piso y las calles se transformaron en oro. Pero si es oro en lo que se convirtió, y es oro parte de eso que nos lleva a la avaricia, al egoísmo y a la deshumanización de la vida, no quiero caminar por sus calles. No quiero evadir más el crimen, ni ser víctima de quien busca quitar al otro lo que no tiene, aún, a veces ignorando que son hermanos, si es que el parentesco puede ser sinónimo hoy de solidaridad y unión.

La solución parece estar en la creación misma, en el avance progresivo del trabajo para luego llegar al descanso. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis y cayó en el recargo de energía. Pero si desde el inicio de la vida el tiempo ya estaba allí, antes que el mismo Creador fuera inventado como tal a ojos de su creación, qué es lo que debemos esperar que pase. ¿Una epifanía, un develamiento de la Verdad?

Sabemos que en la duración de nuestra corta existencia hay demasiadas cosas para recordar, demasiadas personas, demasiados sentimientos y sentidos, pero como sucede en los sueños, qué pasaría si los tiempos se cruzaran, si la rutina fuera encontrarse con uno mismo, con sus seres queridos en diferentes momentos de la biografía. No me atrevo a afirmar que las redes se mantendrían inmodificables, y que a lo sumo irían in crescendo, sino, por el contrario, que el replanteo de los diferentes por qué de esas modificaciones, que en muchos casos vienen signadas por remordimientos, por malas decisiones, y otras, simplemente, por la distancia. La distancia entendida como empatía, sin estar atada a la consideración métrica y física del asunto.

Quien fuera entonces el mejor descifrador de códigos del alma de ese otro cercano, se puede transformar de pronto en alguien inabarcable, incomprensible, una hoja en blanco imposible de leer. Tal vez aquí, como en algún cuento de Borges, sean las letras correspondientes al tiempo que ha cambiado, la razón por la cual no se ve nada en ese papel que parece estar blanco ante unos ojos y ser elemento revelador del mundo ante quien vive contemporáneo, empático, con su entorno sígnico. No puedo ver. No hace falta ver. No puedo oír. No hace falta oír. No puedo hablar. No hace falta hablar. No puedo sentir. Estás muerto.

Y la salvación está dentro, pero asimilando el afuera. De alguna mágica manera, sin creer en la magia como algo que escapa a la construcción de un sentido humano, encontrar el sendero hacia la propia naturaleza, que parece haber sido alguna vez arrebatada del lecho materno para ser entregada al mundo de la guerra. Espero entonces no ser la guerra.

¿En dónde queda la Fe en este paisaje? Volando lejos un cóndor mostró su libertad en las alturas. La Fe no dice en qué creer para ser libre, no dice dónde ir para ser libre, no dice cómo hacer para ser libre. Es casi como una pseudo meta hacia un paso más acantilado, vertiginoso, que no siempre se está en condiciones de dar.

... y ante todo el amor no se cae. Se hace pedazos

jueves, 21 de abril de 2011

Soy


Busco por las vías del algún tren
Eso que me llene el corazón
Latiendo, palpitando, sintiendo por demás
Pero con deseos de volar

Busco las respuestas en un más allá
Sin mentiras, en un ideal
Imaginando lo perfecto, lo eterno, lo veraz
Pero nada de eso es real

Soy una espera sin reloj
Sin hilos, marioneta en el cajón

Estoy buscando ese símbolo de paz
No ser otro escondido en el placard
Muriendo lentamente con canciones para armar
Pero pensando una vez más

Soy una espera sin reloj
Sin hilos, marioneta en el cajón

Soy lo que se pierde en el montón
Soy una canción sin resplandor

jueves, 7 de abril de 2011

Ver lo que se vuelve


Se vuelve el mundo
tan inmenso
tan desorden

Se vuelve el tiempo
tan eterno
tan superfluo

Me ves pasar
en un cuento
chapoteando

Me ves distraído
en mi mundo
cantando

En el caos
yo
me pierdo
yo
me canso
yo
soy solo

En la bruma
yo
me caigo
yo
me ciego
yo
desespero

Se vuelve el don
tan mentira
tan hereje

Se vuelve el silencio
tan presente
tan ausente

Me ves caer
de frente
embistiendo

Me ves sufrir
sin causa
suavemente

En la muerte
yo
me encuentro
yo
me siento
yo
me muerdo

En la vida
yo
voy saltando
yo
me vuelo
yo
escapo

miércoles, 2 de febrero de 2011

El camino que sigue

Yes, 'n' how many ears must one man have
Before he can hear people cry?
Yes, 'n' how many deaths will it take till he knows
That too many people have died?

Yes, 'n' how many years can some people exist
Before they're allowed to be free?
Yes, 'n' how many times can a man turn his head,
Pretending he just doesn't see?

The answer, my friend, is blowin' in the wind,
The answer is blowin' in the wind.

Bob Dylan - Blowin´ in the wind


Podemos preguntarnos infinitas veces durante nuestra vida cuál es la razón que nos motiva a tomar determinadas decisiones y accionar en consecuencia. Al mismo tiempo, a cada respuesta se le podría contestar con otra pregunta que nos haga pensar que estamos equivocados. La eterna lucha entre el bien y el mal, entre lo blanco y lo negro, entre los extremos de una misma cosa, fue, es y, probablemente, será aquello que genere, quizás, las pérdidas más grandes de nuestra existencia.

La Fe es algo en lo que muchos creen para buscar respuestas. Pero quien es realmente quien contesta a los cuestionamientos. Quién es acaso tan divino como para poder jugar a la omnipresencia en pos de convertirse en el panóptico de la vigilia del universo, un universo falso, tan pequeño que se reduce a un punto perdido en los pixeles de una pantalla luminosa, que otorga sólo unos minutos y pocas reflexiones críticas sobre la misma nada.

Hemos quemado la historia cuando era pagana, hemos aniquilado al Hombre por no creer en lo mismo que nosotros, hemos burlado nuestro origen sólo porque la creencia extranjera dice que no tenemos nada a lo cual pertenecer. Hemos actuado como sicarios incompletos, cuya paga sólo se experimenta en la percepción de la Fe considerada como cumplida.

Es el pasado, es el presente y es el futuro, todo lo que somos está distribuido, puede transformarse, puede construirse, pero los motivos por los cuales accionamos pueden llevarnos al fanatismo indiscriminado, nos evitará tomar nuestras propias decisiones porque alguien ya lo ha hecho por nosotros, y no somos nadie para oponernos a esa Sagrada Palabra. La obstrucción de la sensación en manos de la pasión desenfrenada, caótica y dirigida por el egoísmo, la avaricia, la codicia, la indiferencia, puede causar no sólo un daño a la sociedad misma, sino también a su eternidad.

Esta eternidad, ese Libro de Arena borgeano, ese encuentro fugaz entre el pasado y el futuro de un hombre que está cansado. Ese hombre que descubre que la Historia no valdrá nada, que todo lo que se defiende podría no valer nada, aún cuando le parece que en el futuro cada uno es Dios, ciencia y tradición de uno mismo. Aquel que puede prescindir del otro, una vez que haya entendido el por qué ese Otro existe, y por qué ha de tener que amarlo.

Descubrir que ser samaritano no implica predicar, no implica atarse las manos a un libro impreso en las mismas cuevas de la estandarización intelectual invisible, sino que más bien se trata de una actitud frente a la vida. El saber se abre al mundo para aprehenderlo sin necesidad de destruirlo, ni tampoco destruir a quien tenemos cerca.

lunes, 3 de enero de 2011

Into myself


La contradicción del ser o no ser, de la vergüenza de ser frente a otro que no existe más que en la propia mente. Aún así, me mira, existe, me inhibe, me castra, me encierra y me libera a la desesperación. Me encuentra indefenso ante la misma nada, encerrado en un cuarto vacío pensando que eso es la soledad. Refugio de los cobardes que a veces buscan en donde no hay, sólo para decir que nada encuentran, y aún sabiendo el resultado se enorgullecen de tener la razón sin poder entenderla. El paraíso se pierde en la inmensidad de la desesperación que hace frente a la desolación eterna, a la propia facultad de inventarse frente a los demás como una víctima del mundo externo, ese que fue construido para la opresión del alma pura que se esconde tras algunas pocilgas hermenéuticas, que menos saben cuando detenerse más que cómo aprovechar su presencia en la vida. Hundido tras la sorpresa de la realidad viva, que observa desde el frente y muestra el horizonte a quien egoísta creyó que el rincón más oscuro era la respuesta a una pregunta que desde ningún punto de vista tiene sentido, salvo desde la misma locura de ese ciego que elige no querer ver. Pero aunque veas, aunque se vuelva la mañana una revelación de la purificación de las pasiones, se enmudece el corazón a causa de esa tradición que implica la desvalorización de todo, con el único fin de hacer frente a la misma ausencia, al abandono que uno mismo puede hacer de lo que está a su alrededor. Y en los fragmentos de textos del pasado se encuentra la similitud y se crea la constancia, quien sufre hoy, sufrirá mañana, y el fatalismo crece en la sensación de nunca más volver a un nirvana en el que nunca se supo estar, por más que, tal vez, en algún tiempo se perteneció. Quiera ser el reflejo de una ventana contra el mundo, aquello que siempre quiso ser el cuerpo, sustancia putrefacta de la existencia misma. Rasgado por dentro para ser bello y enfrentar al resto sin ser honesto. Y no ver más allá de las narices, que las relaciones se nutren de la diversidad, del enriquecimiento mutuo, del amor que se siente porque realmente está. Empecinado, muere al ver que pudo ser una gran mentira, la vida, la creación de una ficción idílica de un qué hubiera pasado sí, y sonríe esperando que al encontrárselo el mensaje esté tan claro como su propia epifanía. Vil mentira la que profesa el hombre solitario, que cree que nada necesita, que ignora lo que da y aún así se contenta con un proyecto que peca de lujuria trascendental y cae en las garras de la ineptitud misma. Dejar atrás, muy atrás, aquello que nada llena pero que otorga sentido a lo propio, y darse cuenta que no se es si no se tiene, es quizás decir de forma complicada algo tan simple, pero no se puede revelar una verdad tan grande con palabras que se alejan de la filosofía abstracta, esa que entiende más allá de quienes o de lo que se puede considerar existente, e incluso también imaginario. El retorno a la vida cobra su peaje, no por venganza, no por rencor, pero subestimar y subestimarse, a veces lleva implícita una respuesta que después de mostrarse tantas veces, ahora requiere modificar su soporte y dar a luz a una nueva forma de expresión que puede escapar a las modernas palabras. Mala espina, mala calaña, mala cepa y mal olor. No depende del lugar, sino de lo que se lleva adentro y se deposita en cada paraje, aún en aquellos más recónditos rincones del planeta de la memoria, de la esperanza convertida en desilusión, y en la sola respuesta de la acción frente a la quietud.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Mirada de piedra



¿Centinela?... ¿quién soy? Dime, quiero saber.

Centinela, por favor, dame una respuesta. Una estaría bien.

¡Centinela! ¿Por qué tus labios no se mueven?

Centinela, dime cómo debo preguntar para que me contestes.

No entiendo tus reglas, Centinela. Acaso escuchas, sin más.

Centinela, no soy de piedra como tú.

Por eso quiero tus respuestas, Centinela.

Centinela, vengo de lejos para verte, y no me escuchas ni me hablas.

Santo Dios, Centinela, soy sólo uno más que busca ayuda.

¿Acaso tantos te interrumpen en tu vigilia, Centinela?

La lluvia está cerca, Centinela, ¿eso te ablanda acaso?

Necesito una palabra al menos, Centinela, dime.

¿Dónde estoy, Centinela? No es a tu lado, no es frente a ti

¿Dónde estoy, Centinela? Dime

¿Para qué estoy, Centinela? ¿Para qué sirvo, Centinela?

Tú lo sabes, lo ves todo, Centinela

¿Por qué no hablas, Centinela?

¿Por qué no te escucho, Centinela?

¿Por qué he venido? ¿Por qué me voy?

¿Acaso eres?

¿Centinela?

domingo, 14 de noviembre de 2010

martes, 9 de noviembre de 2010

Ojos, en la lluvia de dolor


Se encontraba en un lugar sin luces, un patio interno de verdes oscuros, transformados en sí mismos por la sombra de una araucaria que había perdido sus ganas de crecer, y encerrado por dos muros espejados, que enfrentaban sus miradas a través de grandes ventanas, como quién observa a los ojos a un extraño, prejuzgado de maligno, ante la ingenuidad de la corta y tímida distancia. Los párpados color ladrillo, se abrían al amanecer y se cerraban siempre a medianoche, mientras las pestañas blancas jugaban durante el día con el viento, que las perseguía hacia afuera y hacia adentro de ese patio lleno de oscuridad y de historias de rencor.

Separaba dos mundos, ese patio. Los muros practicaban la indiferencia, nosotros, integrantes, les enseñamos a hacerlo. Pero ese martes fue distinto. La lluvia diluvial hizo estremecer los huesos, que crujieron como las hojas de esa araucaria chocando entre ellas y con los mundos; llamándome estaba el viento, con un arpegio en mi menor, para que mirase a través de uno de los ojos del muro, porque el mundo vecino estaba dando un giro.

Me acerqué a la ventana. Era más de media noche y los párpados, de par en par, abiertos a la oscuridad y a la tormenta; las pestañas blancas, encerradas tras los vidrios transparentes que reflejaban mi rostro en ellos, aún permitían el paso de una mirada vertical, como si fuera una grieta que quebró a ese ojo en dos, interrogándolo con un farol lejano, al otro lado de la habitación.

La luz proyectaba dos sombras en las cortinas, que jugaron el papel de pantalla de cine, y la ranura entre ellas dejaba percibir los colores, que no podía más que omitir al ver semejante violencia. Una de las sombras danzaba junto a la otra en un vaivén de manos que no quieren ser alcanzadas, su pelo largo y ondulado, negaba el amor que gritaba la otra con voz de arrepentimiento. El perdón que se vale de pretextos, la sombra que busca reconciliación no encuentra más que rechazo; llantos de dolor que hacían eco en los tímpanos pero no tan fuerte como en el corazón. Las sombras giran y quedan justo en la grieta luminosa generando un eclipse de farol; su contorno sombrío en las cortinas deja ver un fantasma de cuatro brazos que se estremeció el tronar el cielo, iluminando aquel patio ávido de ser feliz. El fantasma se agrandaba poco a poco, agitando sus brazos a dos voces que pedían perdón y exclusión. Y, en el reclamo se separan, como quién logra expulsar de su cuerpo su alma, mirándola, luego, con comprensión y arrepentimiento por lo cometido. El farol ya tendido en el suelo aún dejaba ver el contorno de esa alma acostada sobre ese suelo rígido como el rencor, presentando un movimiento producto del rodar del foco sobre sí mismo, pero no propio de la vida que se va. La sombra que aclamaba ser perdonada cayó junto a su amor, el llanto movió las pestañas dejando ver una imagen digna de olvidar: el perdón que se vale de pretextos para vestir su infidelidad de amor y que ahora lamenta la pérdida de lo que nunca supo realmente amar.

El farol se apagó, y un grito cayó como un trueno de tormenta sobre aquel patio oscuro; un grito de dolor, como el de quien se sacrifica por aquello que adquiere sentido después de la inmortalidad.



Todos salieron a ver, y nadie puedo hacer nada, la puerta cerrada con llave, las ventanas selladas con llanto, ninguna forma de ingresar esa noche; la proyección, había terminado, y el amor, consumado.

La boda de la corona


En aquel reino la corona estaba sola y muy triste, ni los banquetes ni las fiestas consolaban su pena. Dio cuenta de su soledad y tuvo una gran idea: por qué no casarse, de esa manera ya no estaría más sola. Comunicó su genio a su mente quién no vaciló en contradecir y, de esa manera, empezaron los preparativos para la gran fiesta. La corona, ordenó a sus manos crear el mejor vestido para la ocasión, a su lengua sugirió cocinar la comida más sabrosa y abundante que se haya probado jamás, a su nariz elegir el mejor perfume que nadie en la vida hubiera sentido y a su orejas que aprendieran las palabras más bellas para poder decirlas a su prometida. No de casualidad se reunió con su corazón para la tarea más importante, buscar a quién completaría su par. Pidió que fuera alguien que pudiera amarlo y que no buscara sólo la nobleza en propio beneficio. Su corazón asintió y partió en compañía de los pies, a quienes se les había encomendado su transporte.

Pasaron largos meses y la corona ya estaba impaciente por saber con quién se casaría. Citó a su corazón quién le llevó muchas opciones: zapatos brillantes de las tierras más lejanas, delantales sucios que amaban desde el horizonte, esmeraldas hermosas más ricas que su propio reino, pero entre todas había una especial, unos ojos color cielo que miraban desde el corazón más frágil que la corona hubiera visto jamás. Detuvo la presentación, envió a su dedo índice donde los ojos para determinar la elección y con su boca y sus voces comunicó a los habitantes del reino que la selección había terminado y que en dos noches sería la gran fiesta.

Sus manos trabajaron más que nunca para terminar el vestido, su lengua ya casi no sentía sabores entre tantos platillos preparados; su nariz sintió desvanecer el aroma de los perfumes pero fue su propio desvanecimiento el que se produjo, se levantó y continuó la selección; las orejas escucharon tantas palabras bellas que se enamoraron del idioma del amor y comunicaron a la corona todos sus secretos. Los caballos fueron invitando uno por uno a los habitantes al evento.

La luna bañaba de romance la noche de bodas mientras que los invitados llegaban poco a poco, primero fueron las coronas vecinas acompañadas de sus esmeraldas y rubíes, luego las altas galeras junto con sus elegantes bastones, le siguieron las cintas de cabello que envolvieron la sala de timidez, los crucifijos desfilaron por el alfombra dorada hacia el altar. Mas tarde fueron las espadas quienes cruzaron la puerta principal delante de los caballos y las flechas. Los zapatos, hachas y bueyes quedaron frente al palacio esperanzados de ser parte de la felicidad que ese día volvería al reinado.

La corona debía impresionar. Con su vestido haciendo combinación con la decoración de la sala, no pasó desapercibida. Su corazón lo acompañó mientras que bajaban las escaleras, abrazados como lo estarían un padre orgulloso de su hija y una hija que ama a su padre.

Casi todo estaba listo, sólo faltaba la presentación de la prometida, y así fue. La luna disminuyó su luz, las bocas se cerraron, las voces quedaron atrapadas en el asombro, y apareció brillante. Los ojos cielo transformaron la noche en día y el corazón frágil hizo a todos enternecer. Brillo por todo el derredor, la corona se sintió feliz. El crucifijo los unió. Las sonrisas de ternura llegaron justo a tiempo para el final de la boda y, siempre presentes oportunamente, las invitadas lágrimas, entraron sin avisar.

Las manos sostuvieron en su esfuerzo amor, la lengua degustó su felicidad con su banquete, la nariz, si no se hubiera desvanecido a la mitad de la noche, hubiera percibido el más agradable aroma que se sintió jamás, las orejas oyeron las palabras más hermosas en el momento de la unión y los pies transitaron el alivio cuando dieron cuenta de que tanto camino no fue en vano. El corazón latió con fuerza y se enamoró de una galera que alejó a una lágrima que acariciaba su mejilla, con la que se casará en doce lunas llenas, pero aún, no lo sabe.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Cadena-anedaC

Sentir que algo pasa
inventar ese sentir
creer que respirar es un duelo
mientras el sol se escapa en el mar.

Contar la ficción del alma
buscar la historia de esa ficción
en donde el viento no sopla
al momento de escapar al temblor.

Volver el tiempo en eternidad
medir lo que se escapa a ese tiempo fugaz
encontrar el mundo solo
siempre a punto de estallar.

El latido se vuelve golpe
el golpe no es más que un dolor
que en el alma se vuelve eterno
y que en el tiempo se hace temor.

domingo, 31 de octubre de 2010

Maldita espera

Fundido en el desencuentro
qué busco, qué encuentro

Refugio eterno de las sombras
anhelando la luz que el placer esconde.

Mientras tanto se lastima el alma
mintiéndose al pensar que el pesar es eterno.

Mirando el sol que lastima los ojos
no se ve más que el descubrirse siendo un muerto vivo

lunes, 11 de octubre de 2010

Una vez más


Mi guitarra y mi voz susurran
Quieren gritar al viento
Y siempre dices mentiras
No puedo quererte

Acero tenso en seis partes
No son iguales
Soy un desconocido
Soy nada

Me vuelve el alma al cuerpo
En el aire está lo que mata
Vuela sobre mí
A pocos pasos de ti

Coraza de algodón en tu corazón
Caparazón mutilado en la distancia
La batalla genuina
En un beat autodestructivo

Quedar mucho en un instante
Respirarte una vez más
Sentir que nada acaba
Y que te vuelvo a encontrar

jueves, 7 de octubre de 2010

Aquellas pequeñas cosas

Bajé la mirada. En las baldosas de Villa Luro encontré mi pasado, y jugué en árboles de moras silvestres. La nostalgia me recorrió el cuerpo

La sorpresa efímera


Me pregunto en qué momento la magia termina. El enamoramiento de la novedad y la sorpresa, muchas veces termina fundiéndose en la rutina, y otras veces sólo se vuelve inexplicable el gusto que antaño deslumbró nuestro ser.

Volvió a ser la mirada cautiva del encantamiento, aquella que conquista con fijarse en estos ojos, la que me ayudó a dar cuenta de las vidas ocultas tras el manto de la neblina de la indiferencia.

Y cuando el amor del instante se acaba, llega el mito de lo que pudo haber sido. Del dulce recuerdo de la mentira imaginada, nostalgia de aquella luz que nunca se encendió en la noche estrellada y de luna nueva.

Contagiosa actitud frente al cambio, meticulosa forma de ver el mundo más allá de lo real. En el lampacear nocturno de los sueños fértiles de nuevas verdades, nacen las vueltas al maldito reloj de la cuenta regresiva del falaz paraíso de lo desconocido.

lunes, 4 de octubre de 2010

En el camino invisible


“Si lo cuentas no se cumple el deseo”, dice Fito en Es sólo una cuestión de actitud. Por otro lado, en Amapola del 66 de Divididos, se escucha “viejo cristal atrasando mi viaje”. Es un ida y vuelta, la mentira y la verdad. Cuánto hace falta para creer y hacer, y no sólo decir y esperar.

Vuelvo el tiempo atrás. Hace un par de meses estaba en la cima de la libertad, viendo a los cóndores pasar a miles de metros de altura sobre el nivel del mar. Ese mar que no te dice nada (NTVG). Buscando el cielo iban las aves, como mi ser, que intentaba resucitar.

La mirada de lo bello, eterno resplandor de un suspirar perdido en el horizonte. La posibilidad de acompañarte, y ser más que una historia perdida en el pasado que nunca fue. Y aunque el presente se pierde, diversificado en rostros y unificado en sentimiento, no me quiero volver a preguntar sobre el por qué. Sólo quiero saber cuánto falta para darme cuenta que es necesario ese cambio, y que no estoy simplemente sentado esperando.

Soy tu piedra en el camino, soy tu salvación a la monotonía. Soy más de lo que piensas, y no puedo darte todo lo que mereces. Así soy, ser incompleto, ser imperfecto, de ti depende completar el resto. Mayor a menor, menor a mayor, un vuelco de percepciones que juegan a completar la rueda de la inesperada elección.

Juega conmigo. Seamos niños otra vez. Volvamos a donde el mundo era mágico y todo podía cambiar con un parpadear. Nuestro, tuyo, mío, de quién sabe quien. Y así veremos si en tu rostro se dibuja una sonrisa, si mis ojos dejan de humedecerse rápidamente, si las vueltas de la vida toman un sereno sendero de amistad con el destino, y si, sobre todo, podemos descubrir otro camino para seguir construyendo una verdad: nuestra verdad.

sábado, 18 de septiembre de 2010

El frío me quemó el alma


¿Quién puso esta bolsa de cemento sobre mi pecho? Hoy casi fragua sobre mi a causa del llanto que pudo ser contenido, pero no por eso ignorado. Me ahogué. No pude seguir cantando, privado de mi propia voz.

Tuve que salir casi espantado por la angustia contenida en un suspiro que no fue interminable. Cortado. Necesitado de contención mental. Obviamente, fallé en mi intento por brindar cosa semejante.

Pero el sonido de una cuerda puede cambiar el mundo, mi mundo, por lo menos. Aún así, no pude escuchar, no pude hablar. Las manos en la cabeza, las piernas con ganas de patear el penal más fuerte de la historia. Los dedos entre los cabellos, rascando, buscando donde está el problema. Es mucho más profundo. ¿Qué tan profundo queda el corazón?

Entre la ciclotimia de la revolución interna de los sentimientos, queda el vaso, medio lleno, medio vacío… pero vaso, al fin. Es una especie de vivir entre las junglas húmedas y espesas, no poder mirar alrededor sin correr el riesgo de caer en el apetito voraz de uno mismo, y bajar hasta el fondo para salvarse y salir de un solo saque.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Desde afuera, me ven


En la esfera soy la parte más al borde, que se estrella contra todo y rebota en la mirada ajena.

Voy y vuelvo, soy propio y soy de nadie.

Querer gritar al viento que existo y perderme en la soledad de un ermitaño de sillón.

Va más allá de la dicotomía del ser o no ser…

Se que soy, pero quiero saber quién soy para los otros.

La mirada me deja trunco frente al espejo que me muestra difuso.

Enriquecido y empobrecido por mi lenguaje, por el de los demás y por el de todos.

Qué dirán, qué serán…

Me muero en la nostalgia por lo que nunca voy a ser.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Mi verde y dorado

Dale Play a este video y a leer

Colgué
Giré una vez
Nunca me detuve
Quise frenar
Caí

Fui
Terminé todo
No llegué a concretar
Me sentí solo
Lloré

Mentí
Fui nada
Fui más que todo
Fui amor
Odio

Y encontré en mi ciencia la sangre
Y encontré en mi amor la verdad
Sólo que nunca pude volver a encontrar…
Mi voz

Curé
El tiempo
Sufrí más de la cuenta
Sentí poco
Herí

Nací
Caminé
Llegué al abismo
Era tarde
Morí

Hoy
Mañana
Cuando sea
Ojalá
Ya

Y encontré en mi ciencia la sangre
Y encontré en mi amor la verdad
Sólo que nunca pude volver a encontrar…
Mi voz