lunes, 19 de julio de 2010

Todas imágenes de piedra


En la distancia de lo incomprendido. Cuida el tempo, ¾ no más, ni menos… Sólo dejame entrar a decir que algo está cambiando, no se qué es. La vida se infiltra en un rendija oscura que de a poco ve la luz. El sol se esconde tras la nube y sale otra vez. ¿Nos engaña, o nos muestra que el camino no es sencillo?

Ya nada pasa por acá. El río no está seco, pero tal vez su agua de tan calma parezca inmóvil. Mi pensar se desvanece, ahora ya no siente más que un palpitar que no se a qué refiere. Pucha ¿esto es estar vivo?

Válgame! ¿Qué paso en este lugar? Me fui unos minutos a respirar un poco de aire puro y me encuentro con las tablas del escenario dadas vueltas. Soy espectador y soy actor… pero no soy vouyer.

Mi cuerpo es uno más, mi mente se desvaneció en un recuerdo de lo que no fue. Mi realidad, como tantas otras, pertenece sin pertenecer. Pero, por lo menos, se que existe.

miércoles, 14 de julio de 2010

Allá estoy. Con vos

Recomiendo darle Play al audio y luego empezar a leer el texto. Así fue como nació.


Aire. Estoy sentado en tu cerro de piedra. Mirando el esplendor de tu paisaje, mientras siento que nada falta alrededor. Vuelvo a ver. Es verdad, allí estás. Horizonte mío, ahora también sos nuestro.

Se me agrandan los pulmones de respirarte. Tan puro. Mi espejo ya no me deja verme, ahora te refleja a vos. Mi corazón se fue solo en la inmensidad de tu esplendor.

Soy sólo piedra, nada más, nada menos. Soy lo que refleja tu luz, siete colores, mi amor y la flor. Me acompaña tu viento y me abraza quien me da calor.

Caer ya no importa si estoy allá, en el lugar que me hace renacer. En donde mi alma encontró refugio, y al parecer en donde también decidió quedarse.

Voy a volver. Quiero volver. Allá estoy. Con vos. Con mi amor. Y no importa si el viento es frío, porque mi espíritu se volvió uno con tu naturaleza, y no está solo.

Miro hacia arriba y nunca termina tu inmenso horizonte, que se desvanece como una cuerda que poco a poco va dejando de sonar.

sábado, 10 de julio de 2010

Origen de la sombra

¿Guardará, acaso, el cuerpo la memoria de nuestra tierra? Escuchando el sonido del erke lejano, pero que golpea fuerte en el espíritu. Desde el Norte baja pegando fuerte en la raíz. ¿De dónde soy? ¿Quién soy? ¿Soy guitarra, viento, sonido, flor? Mi mente se pierde en la inmensidad de un buscar eterno; en la esperanza de la paz interna.

Vivo armando de soledades una yunta de felicidades armónicas, y cuido que no roben mis sueños durante mi esplendor. Cuando los astros se ven unidos, se miran, nos hablan, buscan recuperar el tiempo perdido, distraído el Hombre que dejó de verlos. Conseguir de universo si quiera una estrella como guía, una luz como faro en la oscuridad del tiempo.

Sentir que la única compañía puede ser nadie, nada, eso que se busca pero al mismo tiempo no se quiere encontrar. Volver a nacer. Crecer entre el sembradío de la tierra. Cantarle a nuestro suelo que siga protegiéndonos. Pedirle a la Luna que ilumine una vez, o que se apague para ver a las lejanas estrellas que incluso han podido desaparecer.

En la mente las luces se prenden y apagan constantemente, sólo para indicarnos el camino de la razón. No obstante, el corazón no deja de latir nunca para demostrar que algo está dejando de ser, o bien que en el olvido las bondades quedan atrás. Ese sentimiento de vacío incomprendido, que se entiende en el encuentro de lo pasado, que se presenta como futuro desconocido.

Y en el sonido del mundo, perderse sin mirar la procedencia. Girar en torno a la inmensidad del paisaje que de tan propio parece ajeno. Y que por tan lejano se hace paraíso inalcanzable. Quiero que mi imaginación no se detenga nunca a pensar en mis palabras. Sino que el fluir de un sentimiento haga que mis dedos se muevan sobre mi guitarra.

jueves, 8 de julio de 2010

Refleja mi sol



Querer buscarte en el olvido
poder amar al infinito

Mirar más allá del horizonte
girar una vez más la rueda

Sembrar de colores mis raíces
cultivar en secreto mis pasiones

Siento que caigo, hablo de vos
espejo de agua, refleja mi sol

Gritar al viento fuerte
soplar sin mover nada

Sentir placer contigo
amanecer y ser eterno

Morir queriendo ser libre
amar a lo que se hizo ya invisible

Siento que caigo, hablo de vos
espejo de agua, refleja mi sol

lunes, 5 de abril de 2010

Buscando respuestas. Demasiadas preguntas

Si diría que fue una escapada estaría aceptando que no soy libre; aunque, tal vez, algo de cierto haya en esa afirmación. El puntapié inicial: una muestra de identificación musical, una armonía inmensa de acordes que la memoria se encargará de hacer eternos, y eso que uno busca, aún cuando se resigna a pensar que es imposible.

Muerte de mente para ser feliz. El sacrificio insólito para lograr que algo se transforme en mágico y consolarnos con la fugaz fotografía de lo inhóspito, lejano y propio. Una conjunción de caminos recorridos y por recorrer, una mezcla entre pasados y futuros; compartir, soñar, desear y, sobre todas las cosas, vivir.


Busco un lugar en donde caer. Busco. Espero. Sólo el alma dirá a su debido momento dónde se quedará por siempre y para siempre. Mientras tanto, la formulación de preguntas subyace a cada color, a cada brisa. Y a medida que se amplían las fronteras del territorio de nuestro pensar y conocer, aparecen respuestas inexplicables sobre la manera íntima de vivir la propia vida.

Siento que al perderme en la inmensidad de una grieta de montaña, bajo el manto del silencio que cubre los picos pardos de las alturas, me siento libre, y entiendo que el pasado es algo que no cambia, y también que el futuro puede no ser sólo destino. Mi corazón grita muy fuerte en el lugar más callado, quiere escaparse del cuerpo y decirle al mundo que existe; en ese lugar donde todo es posible.


Lo místico de un viaje, la corazonada de algo que es mejor que lo soñado, la experiencia, el vivir, algo que nadie puede quitarnos. Conocí parte del cielo y del paraíso terrenal, y un desierto de pureza, que esconde en su interior la labor de la humildad, la sencillez y la importancia de conocer lo natural.

Aún así es difícil liberar los hombros que día a día cargan con el gran peso de un reloj a mil por hora, que nos recuerda todo el tiempo que ya llegamos tarde, que tenemos un valor por cada minuto que pasa, y que no valemos más que un segundo más en su ritmo habitual. A cada paso miro hacia mi norte, el viento, y quiero llorar de felicidad por tener la posibilidad de crear mi mundo y de vivirlo junto a quienes realmente hacen que exista.

Mi amor se extiende a lo desconocido, a lo insólito e inhóspito, pero se esconde tras la rutina de un accionar que encarcela el alma y la vuelve un producto de la industria de la materialidad. “Usted es libre”, la prisión, la verdad, la elección.

viernes, 26 de marzo de 2010

Casi veintiún horas de anonimato

Con la inercia de un mes complicado, finalmente, Jujuy es una realidad. Sentado en un sillón del Club Hostel de San Salvador, hago un repaso por las casi veintiún horas de viaje, veintiún horas de ser un anónimo, junto a otros anónimos.

Desde el inicio, cuando uno ocupa un lugar en el transporte que te llevará al lugar que te transporta, se ven tantas cosas y todo lo que uno prevé puede cambiar. En primer lugar, quiero comentar la experiencia de hablar con un santiagueño que vive en Laferrere desde hace más de 21 años, pero que cuando puede se hace una escapada larga para visitar aquellos pagos que lo vieron crecer. El problema es que el cuerpo va tomando su propia pertenencia. Ya no le es lo mismo el calor, el clima, la rutina de la provincia natal. Simpleza, lo único que necesita el Hombre para poder estar bien con sí mismo y los demás.

Según él, en Santiago a uno pueden engañarlo con el clima. “Siempre dicen que hacen menos calor”. Una anécdota para hacer referencia a esa estrategia: En el campo, los peones limpiaron un disco de arado y luego de dejarlo al sol radiante por un rato, rompieron un huevo sobre éste. Así el huevo terminó cocinándose al calor del sol sobre la placa metálica.

Luego, apareció la masajista, también santiagueña, una mujer que en sus ratos libres se sumaba a proyectos de radio. Con un hijo músico, obviamente le llamó la atención mi guitarra y también mis gustos musicales. “Al folclore hay que respetarlo” le contesté. No se puede hacer un tributo barato a la Madre Tierra.

La historia más emocionante apareció casi al final, pasando Santiago del Estero. Este anónimo dejó de serlo, así que por respeto no la nombraré. La Cabo primero y técnica electromecánica resultó ser abuela. Dos hijos, la menor ya cuenta con una primogénita de un año y medio, que la transformó en abuela a los 39. Dato de color: durante el almuerzo que compartimos, quién sabe donde, pero seguro que antes de salir de Santiago, me confesó que aunque parezca raro, a pesar de ser hija de Desaparecidos, eligió la carrera de militar.

Posee un entrenamiento que a muchos nos asombraría que estuvieran aprobados, aunque en la actualidad los Derechos Humanos hicieron que bajara el nivel de exigencia en el entrenamiento pero “dejando a los más jóvenes menos entrenados de llegar a presentarse algún conflicto”. Le pregunté qué tan posible es que surja un enfrentamiento bélico en el país y aseguró que la escasez de agua es un tópico que tarde o temprano pondrá cara a cara a las fuerzas argentinas con las estadounidenses.

Este post no tiene nada de especial, sino que funciona sólo como una recopilación de acontecimientos que uno puede reunir desde el anonimato, durante casi veintiún horas de viaje.

viernes, 12 de marzo de 2010

Caída libre

Quiera el mundo que sea lo inesperado mi destino. Para vivir en la fuerza de la sorpresa y terminar siendo lo indescriptible, lo ilógico, lo incoherente. Aún el terreno celestial busca una respuesta en lo terrenal, y eso deja entrever que hay algo de real en el otro mundo.

Mis palabras en el viento se pierden, no pueden salir de mi boca. No puedo coordinar una oración simple, no soy quien era, si es que acaso alguien era antes. La mordaza de la resignación, la censura de una pálida mirada frente a la brillante luz que me encandila sin cesar.

Miro al sol en mi reflejo. La luz me envuelve en remolinos. Quiero escapar, no ser, existir, morir, vivir, sonreír y caer en brazos de un amor que, aunque sin rostro, se vuelve lecho, pesebre, y mar.

Una ola intensa de inmensidad. Un eterno resplandor en mi cabeza. Saltar al vacío y descubrir que no estaba solo; y aún así, saber que no puedo regresar. Las alturas de un abismo incontenible de silencio, y caída libre en la memoria de lo que nunca pude percibir.