
Ya lo dije anteriormente, será una teoría burda y grotesca pero hoy se aplica: el que apuesta a la suerte y al azar se puede quedar sin la torta y sin el pan. También hablábamos con la colega comentarista de este blog la necesidad de asumir las responsabilidades que a uno le tocan, para con los demás y con uno mismo. No hay mucha poesía en unas cuantas palabras vagas que surgen de la decepción, y menos cuando lleva implícita la carga de una merecida culpa por tener desfasadas las prioridades.
Acaso el tiempo robado será la misma mentira que nos proponemos creer hasta el cansancio. Para hablar de la libertad es necesario prever algunos pasos anteriores y eso consume tiempo y esfuerzo, y el tema es no agotarse en la mitad del camino. Desligarse de las responsabilidades y mentirnos acerca de nuestra viveza criolla es sólo engañarnos a nosotros mismos, hacernos un mal a largo plazo para la posterior perdida de sentido de lo que realmente queríamos hacer. Nuestra meta difusa, se borronea aún más y no llega a verse. Dónde, cuándo, qué. Nada tiene sentido, el significado se pierde en la piedra del zapato que nos molesta y no podemos quitar.
En el afuera está la salvación, la deliberación de lo correcto, tantas veces me mentí y ahora estoy así, sentado, escribiendo sin pensar una palabra. Ni dos, ni tres, ni un deseo de fugarse en el infinito mundo del pensamiento pueden hacer que en este momento la Tierra no me diga “estás acá, y la cosa no es tan fácil”. Tragame tierra y fundime en tu centro hasta que aprenda, renaceré hecho semilla y tal vez el fruto sea mejor. Para qué. Por quién. Para quién. No me pregunto, no me respondo. Sólo queda cargar la mochila al hombro y seguir el viaje- Ese que me habla de la libertad y a la que, si sólo me concentro en los hechos, parece que estoy esquivando.
¿Qué cosas no? Esta forma de engañarnos y pensar que lo que nos hace bien no es más que una piedra en el zapato.

